Cuerpo perfecto, maduro y esbelto, fuerte y delicado Para mantenerme a su lado, con un lugar oculto, Donde me cargará con gusto durante nueve lunas Hasta mecerme en mi cuna…
Crecer abrazada a su tibio cuerpo moviendo mis brazos Moviendo mis dedos, escuchando su canto a través del tiempo Diciendo mi nombre, diciendo te quiero! Doloroso alumbramiento, sin palabras de reclamo, me mira con sus ojos verdes azulados, Derramando una lágrima diciéndome, te amo! Te esperé con ansias, mi bebé adorado!!
Me miré en tus ojos más de mil veces, al darme de tu pecho la blanca leche, para crecer sano, para crecer fuerte… Y hoy me doy cuenta, y te digo te amo, por darme tu vida por permanecer a mi lado, por darme el empuje para seguir avanzando…
Siendo ya una mujer, Hoy observo tu cuerpo Ya ésta deformado, al paso del tiempo, Por dármelo todo escuchando en silencio, Por darme tu vida, tú espacio y tú aliento… Gracias madre, por convertirme en mujer, Por darme mis alas, para cruzar horizontes, Por querer a mis hijas como los tuyas propias, La familia crece... y tu… tú estás con nosotros!!!
Solo soy tu amigo... ¡y nada más! Aquel que en la soledad te acompaña, aquel que te entrega amor y confianza, aquel que puede ser tu paño de lágrimas, aquel que es tu confidente ¡y mucho más!
Solo soy tu amigo, ¡o algo más! Ese que cuida tus pasos al caminar, ese que llena de alegría tú soledad, ese que en el vivir te da esperanza, y en la esperanza... te enseña como amar.
¡Solo soy tu amigo! ¿Dime que más? Es el título que me brindaste, es el puesto que me pude ganar, son las palabras, los versos, las frases, o son las intenciones de amar, Solo dime... ¿Soy tu amigo? ¡O que más puedo esperar!
Árbol amigo, tu sombra es una mano de ternura abierta y derramada. Tan alto y te nace a los pies a ras de hierba, dándole sin mirar, isla de la frescura y el beso de paloma, toda semblante de hoja seca y no obstante maternal hasta el fondo con la tela de araña, con el rencor de los trozos de vidrio, con la hebra sin fin de las hormigas y mi propia ballesta de deseos que ha crecido en tus brazos, y latido en tus savias y dormido en tus frutos dulces como los senos del amor y del mar, Ahora estoy tendido bajo tu sombra y te oirás mi sangre como te oyes el viento derramar tus madejas y un posarse de pájaros en tu raíz de bosque. Tan alto como estás y no te olvidas de que tienes un poco del destino del hombre, de que fluyas en el alma del tiempo, que es verde por ser tuyo, porque tú te has hecho rama a rama, hoja por hoja, pecho y espalda de propia vida. Árbol amigo, ahora que tan juntos no hemos encontrado ¡qué pena que no tengas el silencio interior de mi alegría!